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El Lejano Oeste de Córdoba, donde las balas perdidas duelen demasiado

Juan Federico
Juan Federico

CADENA 3 – Entre Parque República, San Alberto y El Pueblito, dentro de Las Violetas, existe una línea invisible de 20 cuadras. Un surco ubicado en el extremo oeste de la ciudad de Córdoba donde las fragilidades sociales se tutean con las peores brutalidades.

En sólo siete meses, entre septiembre último y las primeras horas de este abril, una mujer y dos niñas fueron baleadas al quedar en medio de tiroteos en los que no tenían nada que ver. Una de las pequeñas murió y las otras dos sobrevivieron sólo por obra de la fortuna.

Casos que desnudan la cantidad de armas de fuego que pululan por las calles de la ciudad. Bandas cada vez más organizadas que no dudan en disparan ante el menor conflicto.

El sábado último a la noche, Antonella, una niña de sólo 6 años, fue atravesada por un balazo cuando un grupo de personas intentó atacar a su tío. Ocurrió en calle Quinchan al 1100, de barrio Parque República.

El caso, que fue anticipado por Cadena 3, sucedió minutos después de las 20, cuando al menos tres sujetos intentaron balear al tío de la pequeña luego de un encontronazo en un partido de fútbol. No obstante, el fiscal Juan Pablo Klinger duda si este fue el real motivo del ataque o si existía otro trasfondo que aún nadie quiere revelar.

La niña estaba en el lugar, cuando fue alcanzada por una de las balas, y debió ser trasladada al Hospital Eva Perón. Ante la gravedad del cuadro fue derivada al Hospital de Niños, donde permanece internada.

En el nosocomio fue asistida y diagnosticada con «heridas de arma de fuego a la altura del tórax, orificio de entrada y salida, sin compromiso de órganos vitales», indicó el parte policial.

Victoria Petri, subdirectora del hospital, informó que la niña evolucionbaa favorablemente. «Vino a la guardia acompañada por su padre herida de arma de fuego con orificio de entrada y de salida, ingresó en sala de cuidados intermedios. Se realizaron todos los estudios y se encuentra estable», subrayó.

Si bien los investigadores tienen pistas concretas sobre los autores del ataque, por ahora no hay detenidos.

 

A menos de 500 metros del lugar donde Antonella fue baleada, el pasado viernes 10 de diciembre fue asesinada Franchesca Ávila, una niña de 3 años que recibió un balazo en el pómulo disparado por un adolescente de 16 años que abrió fuego contra una vivienda vecina.

Ocurrió en pasaje Llanquelen y Puna de Atacama. «Fue una pelea entre vecinos de la misma cuadra. Estábamos en la puerta de la casa de mi mamá y le dije vamos para adentro. Ella estaba agarrada de mi pierna. Cuando estamos por entrar se cae para atrás, me miró y cerró los ojos. Y ahí veo que tenía el tiro en la cara», relató en esa oportunidad Sofía Bertello, la mamá de la pequeña víctima.

 

Poco más de tres meses antes, el 4 de septiembre al anochecer, dos personas se subieron al techo de una vivienda, en la zona conocida como «El Pueblito», de barrio Las Violetas, y comenzaron a disparar contra otro grupo que se encontraba reunido en el centro de una canchita de fútbol ubicada al frente.

Todo sucedió en calle Jonás Larguía al 300, de esa barriada, a unas 15 cuadras del lugar donde el sábado fue baleada Antonella. Los testigos contarían luego a los investigadores policiales que hubo demasiados tiros cruzados.

Uno de los balazos ingresó por una de las viviendas ubicada en medio de la línea de fuego y malhirió a Karen Monje (27), quien no tenía nada que ver con el enfrentamiento.

El proyectil le ingresó por el rostro, por lo que quedó internada, en un principio con respirador artificial.

En las últimas horas, el fiscal Klinger acaba de enviar a juicio a los dos sospechosos de haber provocado aquella balacera.

Gustavo Sebastián «el Rata» Miranda (42) y Gabriel Alexander «Chucky» Bengolea (22) fueron acusados de homicidio en grado de tentativa.

De acuerdo a la acusación, Miranda y Bengolea «efectuaron disparos con armas de fuego en un sector habitado por múltiples familias, en un predio rodeado de viviendas, algunas de ellas construidas en forma precaria».

«Uno de estos disparos ingresó en la vivienda a través del marco de una ventana y ocasionó una herida en el rostro de Monje, quien debió ser asistida de inmediato, trasladada a un nosocomio e intervenida quirúrgicamente. Además debió recibir curaciones, atenciones de sus familiares que están dedicados a su cuidado, lo que incluso agravó la situación socioeconómica de todo el grupo familiar, que ya se encontraba en situación de vulnerabilidad», se destacó en la elevación de juicio.

A mediados de marzo último, Miranda y Bengolea fueron condenados en un juicio abreviado por otra causa que acaso explique el tiroteo en el que Monje resultó víctima: recibieron tres años de prisión cada uno acusados de vender drogas al menudeo.

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