OPINIÓN

Devuelvan los tupper

María Rosa Beltramo
María Rosa Beltramo

Uno percibe que se está acabando una época cuando desaparecen costumbres, objetos o códigos que estaban incorporados a la cotidianeidad.

En los últimos días saltó de las páginas de Finanzas a las de Sociedad la noticia del derrumbe de las acciones de Tupperware y la posibilidad de que quiebre la compañía que nació en 1946, en South Grafton, Massachusetts.

Es extraño pensar un mundo sin esos recipientes de plástico que atravesaron invictos la barrera de un siglo a otro y que, aunque parecen eternos, tuvieron siempre la demanda de reposición asegurada porque, ya se sabe, aún la gente más cumplidora olvida devolverlos o lo hace parcialmente.

La desaparición de las tapas es fácilmente demostrable y aunque sus verdaderas razones permanecen tan ocultas como la de las medias -abducidas de a una, jamás el par- se sabe que su recuperación es virtualmente imposible. No en vano y desde hace años circulan en el espacio infinito e inabarcable de las redes, perfiles denominados «devolveme los taper». Escrito así, como suena.

 

Pero volviendo al complicado presente de la compañía que fundó Earl Tupper, lo que a mediados del siglo pasado era moderno, barato y adecuado, ahora es considerado vetusto y, encima, peligroso para el ambiente.

El producto estrella es el envase hermético de polietileno a prueba de aire y agua con tapa de doble sellado que a partir de los 50 reemplazó con ventaja a otro tipo de recipientes menos duraderos y más caros.

Pero lo que fue revolucionario en esa época es ahora una auténtica rémora que la generación de centenials rechaza.

Los entendidos aseguran que los clientes jóvenes prefieren envases que se pueden reutilizar, más amigables con el medio ambiente a la hora de mantener la comida fresca.

Tampoco les interesa el sistema de ventas que los fabricantes hicieron famoso, las «fiestas Tupperware» que realizaban en su propia casa mujeres desocupadas que invitaban a todas sus amistades, para convencerlas de lo útil que podía resultar llenar sus alacenas de tuppers.

 

Y les fue muy bien. Tanto, que cada Día de la Mujer, medio mundo homenajea a Brownie Wise, la primera en aparecer en la portada de Business Week en 1954, por el éxito de sus ventas hogareñas.

Tupper la nombró vicepresidenta no sólo por su estilo ultra dinámico de comercialización, sino por la cantidad de personas que consiguió incorporar a su red. Cómo será que en la página oficial de la empresa incluyen el dato de que cada 2 segundos y medio se vende un tupper en algún lugar del mundo.

Lo real es que en los últimos diez días las acciones se desplomaron y el CEO admitió que tenía «dudas sustanciales» sobre la capacidad de la empresa para mantenerse en el negocio sin una inyección de efectivo o un alivio de su deuda de 705 millones de dólares.

Si Tupperware Brands Corp pasa a mejor vida -el mercado no lo permita- pueden cotizarse como raros y costosos objetos vintage esos recipientes prestados y jamás devueltos. Empiecen a buscarlos.

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