OPINIÓN

Las leyes contra las leyes

Adrián Simioni
Adrián Simioni

En la Provincia de Buenos Aires está teniendo lugar un proceso muy singular e inquietante. Allí, en Florencio Varela, cumple su condena a prisión perpetua un señor llamado Jonathan Luna. Luna asesinó en 2016 a una nena de 12 años llamada Micaela Ortega, luego de acosarla a través de Internet, fue un caso de grooming que dio origen a la ley Micaela.

El tema es que ahora Luna ha declarado que se autopercibe mujer. La Justicia hizo lugar e incluso su nombre ya ha cambiado en la causa judicial: el Jonathan fue cambiado por Yoana.

nable que un femicida termine alojado en una cárcel justamente con mujeres. Zorro en el gallinero es lo primero que viene a la mente.

Pero también por otra razón: en 2012, cuando se incorporó la figura del femicida en el código penal y se estableció la pena de prisión perpetua para esos casos, el artículo 80 del código penal se definió que el femicidio es cuando un hombre asesina a una mujer mediando violencia de género. Es cuando el que mata a una mujer es un hombre. No cuando una mujer mata a una mujer.

Uno puede imaginar que el abogado de Yoana Luna ya debe tener redactado su recurso judicial pidiendo que se anule la condena a su clienta ya que no es un hombre, sino una mujer. La parte acusadora podrá argumentar que no corresponde porque cuando Luna asesinó a Micaela era Jonathan. Pero el abogado dirá, como se dice siempre, que cada persona asume o cambia los rasgos de identidad cuando puede, no cuando quiere, como sucede con tantos casos y como entiende la legislación general en Argentina.

Tal vez esto explique que ya haya otro caso similar. En Bariloche hay un brasileño condenado por femicidio que también pidió su cambio de género.

En todo caso, es controvertido. Y para nosotros queda una reflexión: que nuestros legisladores sean extremadamente cuidadosos a la hora de redactar leyes, para que el código penal no termine siendo una confrontación de leyes contra leyes por cuyos resquicios se escapen los criminales.

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