LOCALES

Mientras la Nación miente para tapar el tarifazo, Santiago del Estero sale a cuidar a su gente

Gerardo Zamora puso el tema donde debía ponerse: en el Senado y de frente. Presentó una cuestión de privilegio contra el ministro Luis Caputo y contra la Secretaría de Energía por el impacto que vienen teniendo en el norte argentino la quita de subsidios y el aumento del costo eléctrico. El planteo no cayó del cielo ni fue un capricho partidario: se apoyó en una realidad que sienten miles de hogares y comercios, golpeados por subas tarifarias y por una política energética que, lejos de contemplar asimetrías regionales, las profundiza.

Por eso, cuando Zamora respondió que no había ningún impuesto provincial nuevo y que lo que hay es quita de subsidios nacionales con resultados devastadores sobre la economía doméstica, no estaba sólo contestando un tuit. Estaba marcando el corazón del conflicto. Porque la discusión de fondo es quién carga con el costo de esta política. Y la respuesta es brutal: lo cargan los sectores medios, los vulnerables, los jubilados, los trabajadores que llegan asfixiados a mitad de mes, los pequeños comerciantes que ven caer ventas y subir gastos fijos al mismo tiempo.

Que nadie se confunda: defender a Santiago del Estero frente a este atropello no es cerrar los ojos ni caer en el aplauso automático. Es defender un principio elemental de justicia territorial. Es decir que una provincia con baja carga relativa en rubros clave y con subsidios propios de emergencia no puede ser usada como chivo expiatorio para tapar una política nacional de tarifazo. Es decir que el norte no está para pagar en silencio las fantasías ideológicas del puerto. Es decir que el ajuste deja de ser una abstracción cuando se transforma en una boleta impagable.

Porque cuando un gobierno nacional descarga el peso de su ajuste sobre las provincias humildes y encima pretende ensuciar a las que todavía ponen el cuerpo y la plata para cuidar a su gente, ya no estamos ante una discusión administrativa: estamos ante una forma de crueldad política.

Santiago del Estero no encarece la vida de su pueblo: intenta defenderlo. Los que lo castigan desde el centro y después mienten para lavarse las manos son otros. Y a esta altura ya no quedan dudas: el Estado santiagueño incluye; el centralismo del gobierno de Milei excluye y destruye.